La biodiversidad que ofrece vaca Pajuna

Dispersa en rebaños párvulos, del lado de pastores que superan el terreno a caballo, sobrevive en las sierras andaluzas una de las más singulares razas bovinas de la península: la vaca Pajuna. Autóctona de este nuestro sur, esta res se asocia estrechamente a la ganadería extensiva, fusionándose con el paisaje de montañas como las de Sierra Nevada.

Su historia se remonta allende los siglos y es ahora recuerdo de unas prácticas en peligro, salvaguardando un modo de vida que toma el monte, no por lugar de recreo, sino como recurso vital.

Más allá de su valor ganadero, la Pajuna desempeña un papel clave en la conservación del paisaje y la biodiversidad.

Sus explotaciones se centran en el pastoreo extensivo. Lejos de los acinados centros de tratamiento intensivo, esta raza se alimenta en entorno abiertos que se delimitan por el instinto de la res en armonía con la sapiencia del pastor que las conduce, adaptándose a las posibilidades que ofrece cada terreno en cuestión de recursos naturales. 

Al pastar así, el ganado controla de forma natural el crecimiento de maleza y vegetación seca que da aliento a tantos incendios forestales. Su presencia no es solo profiláctica, favorece también la regeneración del suelo y la eficaz dispersión de semillas.

Por estas razones, la raza Pajuna forma parte de proyectos europeos de conservación como HuMus (Suelos Municipales Saludables),  que busca promover prácticas agrícolas y ganaderas sostenibles y capaces de regenerar la vitalidad de los ecosistemas.

Conservar una raza, conservar un paisaje

La supervivencia de la Pajuna no es materia exclusiva de los ganaderos que se encargan de su cuidado. Es también responsabilidad de los consumidores discriminar entre las opciones a su disposición y optar por aquellas que, como la Pajuna, provengan de sistemas sostenibles.

Mantener esta raza no es solamente preservar la existencia de un animal particular, es conservar una forma de ganadería que está ligada a su territorio y a quienes lo habitan. A través de este tipo de prácticas se generan ecosistemas más robustos y capaces de perdurar a pesar de una climatología cuyo desajuste se hace cada día más patente. El respeto que la res rinde al pasto cuando lo limpia de maleza excesiva, el que muestra el pastor en la atención a su ganado y el que emplea el consumidor en escoger opciones sostenibles forman una salvaguarda en torno a nuestros ecosistemas y paisajes.

En nuestros montes, cada vez que una vaca Pajuna deja su establo y marcha con sus hermanas a pastar a los montes se renueva esa salvaguarda. Colaborar con que ese gesto, esa historia, puedan ser un paisaje en lugar de un recuerdo, que su presencia no desaparezca, es colaborar en sustentar una determinada comprensión de la naturaleza y de nuestra relación con esta.

La trashumancia, faenar a pasos

Todos los caminos llevan a Roma, cuentan los acervos populares, recordando como la ciudad de las siete colinas achicó las distancias de su imperio mediante una extensa red de carreteras. Mientras los romanos —o, más bien, sus esclavos— edificaban estas vías, en el horizonte verían la sombra de los rebaños y sus pastores. Esos hombres, cayado en mano y bota de vino aguado a la cintura, recorrían unos caminos solo para ellos conocidos en lo que se dio en llamar trashumancia.

Con el cambio de las estaciones, esa red de caminos los conducía a través de montes y planicies a prados fértiles y provechosos donde sus rebaños pudieran alimentarse y medrar. Sus pasos, y las huellas de sus rebaños, han modelado durante miles de años los biomas de nuestra península. La vaca Pajuna es una de las razas que acompañó durante siglos a los pastores y que ha evolucionado para adaptarse a la tierra que les da sustento.

 

En Lemon Rock colaboramos con GoInsitu, una empresa que fomenta el agroturismo y ecoturismo en Andalucía, para que puedas disfrutar del trekking por el Parque Nacional de Sierra Nevada y una deliciosa experiencia gastronómica tras la ruta.